«La envidia» de Lola Pons
La palabra envidia ha estado relacionada con un significante inequívocamente negativo, por lo que es una voz mal vista con carácter general. A lo largo de su existencia, la evolución de envidia ha ido desde formas fieles a su acepción desde el punto de vista étimo hasta voces que tienen connotaciones menos negativas. A pesar de la productividad de esta palabra, usada en expresiones y calcos, parece seguir siendo insuficiente para expresar el sentimiento de envidia que se siente por momentos pasados de uno mismo.
En cuanto al texto propiamente dicho, «La envidia» es un texto perteneciente al género periodístico, puesto que se trata de un artículo de opinión compuesto por un titular, un subtítulo, un epígrafe bajo la imagen, etcétera. Es por ello que el lenguaje presente a lo largo del artículo es comprensible para cualquier lector, incluso si incluye voces latinas –puesto que van acompañadas por explicaciones–, por lo que es un texto de carácter divulgativo. Sin embargo, creo que no es arriesgado afirmar que este artículo de opinión no sigue estrictamente las características de un texto de este carácter. La opinión de la autora puede ser percibida en la afirmación “tanta variedad léxica no me ofrece una etiqueta que colgar a la envidia que siento ahora” para opinar que dentro de la productividad de la voz envidia, el término sigue siendo insuficiente para expresar determinados matices. Es decir, la opinión de Lola Pons, filóloga e historiadora, no se introduce –de manera sutil– hasta el último párrafo del artículo. Es más, el segundo párrafo, que constituye el grueso del cuerpo de la producción escrita, goza de un carácter altamente expositivo, aunque siempre acompañado del estilo literario de la autora: «Idearon la forma de nombrar a la envidia sin bilis, esa que llamamos “envidia sana” y que nuestros antepasados, más píos, denominaban “envidia santa”». La subjetividad en expresiones como «más píos» o «modo de blanquear la oscuridad» (una metáfora) se combina con la objetividad de los hechos expuestos por la catedrática.
Por otro lado, es interesante la estructura que se ha usado para la elaboración del texto: tanto el párrafo inicial como el final van de la mano de experiencias personales que rodean a la narradora, por lo que se podría determinar que la estructura es circular. La anécdota con la que se abre el texto da la oportunidad de indagar en el significado de la palabra envidia, en su etimología y en la evolución de sus usos. Del mismo modo, la anécdota final permite hablar del tipo de envidia específico del que quiere hablar la autora, lo que da pie a la propuesta del término retroenvidia.
Como ya hemos expuesto, de la mano de Lola Pons hacemos el recorrido de una voz que ha ido adquiriendo matices desde su forma medieval invidia, pero, según la autora, no los suficientes como para poder designar una realidad especialmente patente durante la época de pandemia: el sentimiento de envidia por el pasado de uno mismo. Así pues, ante la necesidad lingüística ante la que se encuentra la autora, Lola Pons propone el vocablo retroenvidia. En este caso, el prefijo retro no solo recoge el matiz espacial que sugiere la definición del DLE («hacia atrás»), sino que, especialmente, afecta al carácter temporal que menciona la autora del texto en su definición de retroenvidia. Sin embargo, podría decirse que hay algo que el prefijo retro no consigue captar: la naturaleza autorreferencial de la que habla Lola Pons cuando señala que la retroenvidia es un sentimiento que «se proyecta sobre mí misma [...]». Por lo tanto, no es arriesgado aventurar que esta nueva forma propuesta por la catedrática sigue siendo insuficiente para describir el sentimiento que la catedrática propone. Sin embargo, si hacemos una labor de introspección en nuestro lexicón, ¿no es posible, quizás, que ya exista una palabra que capta todos los matices que Lola Pons menciona cuando habla de la retroenvidia? La nostalgia, según señala el DLE, puede ser entendida como la «tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida». Es decir, en esta acepción quedan recogidos tanto el carácter temporal como el autorreferencial de la retroenvidia que sugiere la autora del texto. Asimismo, tanto en la anécdota del alumno de Pons como en el caso del sentimiento de normalidad que se sentía antes de la pandemia, podría hablarse de nostalgia: nostalgia de una juventud en la que la principal preocupación era un examen y nostalgia de un momento en el que aún no conocíamos la «nueva normalidad» que nos regaló la pandemia.
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